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¡Bienvenido miedo!

Viernes 29 de julio. Un amigo me dice:

-Hoy es mi último día de trabajo antes de las vacaciones. Me he dejado la piel en el trabajo, mi jefe me hace una mala evaluación de un proyecto y cuando se va no me dice adiós ni me desea buenas vacaciones… Creo que me quiere despedir”.

-¿Lo vas a hablar con él en algún momento?

-No.

La realidad es que el jefe nunca le despidió. Y cuando le pregunté «¿tienes miedo?» respondió de manera immediata que no, aún sabiendo yo que sí. A veces en sesiones de coaching, si el cliente ha expresado literalmente tener miedo y yo repito sus palabras, este suele desdecirse indicando “bueno, miedo no…”. ¿Por qué no nos permitimos tener miedo y aceptar que lo tenemos? 

El miedo es una de las emociones estigmatizadas socialmente, como muchas otras. No nos está permitido tener miedo porque nos dicen que somos cobardes, gallinas…

No hay emociones buenas y emociones malas. Todas cumplen su función. También el miedo.

El gran paso de transformación es la aceptación. Tomar conciencia y asumir que tenemos miedo es el primer paso de la transformación. En cuanto aceptamos que lo tenemos, podemos actuar en los distintos ámbitos en los que se manifiesta:

– En el ámbito emocional: compartiéndolo con un amigo, buscando ayuda externa, escuchando música, viendo una película que nos provoque sonrisas…

– En el ámbito físico: haciendo deporte, meditación…

– En el ámbito del pensamiento: registrando nuestros pensamientos y las emociones que nos despiertan. De esta forma, identificamos cuáles son los pensamientos que nos limitan y podemos transformarlos.

Las preguntas, una vez aceptado que sentimos miedo, son: ¿cómo me puede ayudar?¿qué quiero hacer con él? y ¿qué haría si no tuviese miedo?. Y ahí esta la clave, en el autoconocimiento. En cuanto asumo que tengo miedo y me pregunto que dice de mí este miedo, me estoy descubriendo un poco más.

Así que las emociones no son buenas ni malas, sino una fuente increible de aprendizaje en el autoconocimiento de uno mismo que se traduce en activación a la transformación personal. Bienvenido miedo, una emoción legítima.

Els superpoders del coach

Més d’una vegada, en diverses accions de coaching, he tingut la sensació que es percep al coach com a un gran solucionador de problemes que té una pòcima màgica per resoldre tots aquells conflictes o aspectes de transformació personal i grupal que se’ns plantegen.

És com si tinguéssim uns superpoders per desllorigar aquelles traves que ens trobem al llarg de la vida.

Els coachs no tenim cap superpoder ni un vestit de Superman amagat sota la nostra roba. Som facilitadors en les processos de transformació. De fet, som “troncaires” especialitzats en acompanyar a trobar quin és el tronc que cal treure per desfer el nus que no deixa fluir el riu.

No només no ens podem alçar amb la capa de Superman per empènyer amb força el munt de troncs que no deixen passar el riu, sinó que nosaltres mateixos també trobem encallades en la nostra vida personal i professional que també necessiten d’altres “troncaires”.

Fa unes setmanes, organitzant la comunicació de Feedback pel proper curs i compartint un cafè amb la persona que m’acompanya en la comunicació, em vaig adonar que jo mateixa tenia una ennuegada de troncs que em feien percebre la comunicació com un deure feixuc que requeria un temps que no tenia, com una obligació que em martellejava el cap perquè sempre la deixava pel final.

Al llarg del cafè, la professional de la comunicació es va convertir en la meva “troncaire” i em va dir: “només cal que gaudeixis de la comunicació i que deixis de sentir-la com un deure. Comunicar no és una obligació. Només és una manera fantàstica de compartir, en un acte de generositat, tot allò que saps, que penses, que creus, que veus…”.

De manera màgica, un tronc va caure i va desencallar l’embussada. Des de fa unes setmanes he començat a gaudir de la comunicació recollint imatges per piular al Twitter, pensant idees per escriure articles…compartint tot allò que em sembla que pot ser d’utilitat.

L’exemple ratifica dos aspectes interessants per a la reflexió:

– Els coachs no tenim superpoders i només som facilitadors com un “troncaire” més.

– Els professionals de serveis, sigui quin sigui el seu sector, són molt poderosos i amb un valor diferencial major si aconsegueixen convertir-se en “troncaires” des de la seva especialitat i tenir la capacitat suficient d’empatia per captar quin és el motiu de l’encallada pel qual el seu client els ha contractat.

I sí, efectivament, els coachs som molt afortunats (o “suertudos” com diu la meva companya de comunicació), per la possibilitat d’enriquir-nos facilitant els canvis encallats per aquell tronc que fa nosa.

Los superpoderes del coach

Más de una vez, en varias acciones de coaching, he tenido la sensación que se percibe al coach como un gran solucionador de problemas que tiene una pócima mágica para resolver todos aquellos conflictos o aspectos de transformación personal y grupal que se nos plantean.

Es como si tuviéramos unos superpoderes para descoyuntar aquellas trabas que nos encontramos a lo largo de la vida.

Los coachs no tenemos ningún superpoder ni un traje de Superman escondido bajo nuestra ropa. Somos facilitadores en los procesos de transformación. De hecho, somos «tronqueadores» especializados en acompañar a encontrar cuál es el tronco que hay que sacar para deshacer el nudo que no deja fluir el río.

No sólo no nos podemos levantar con la capa de Superman para empujar con fuerza el montón de troncos que no dejan pasar el río, sino que nosotros mismos también nos encallamos en nuestra vida personal y profesional y necesitamos de otros «tronqueadores».

Hace unas semanas, organizando la comunicación de Feedback para el próximo curso y compartiendo un café con la persona que me acompaña en la comunicación, me di cuenta que yo misma tenía una atragantamiento de troncos que me hacían percibir la comunicación como un deber pesado que requería un tiempo que no tenía, como una obligación que me martilleaba la cabeza porque siempre la dejaba para el final.

Durante el café, la profesional de la comunicación se convirtió en mi «tronqueadora» y me dijo: «sólo debes disfrutar de la comunicación y dejar de sentirla como un deber. Comunicar no es una obligación. Sólo es una manera fantástica de compartir, en un acto de generosidad, todo lo que sabes, lo que piensas, lo que crees que ves…».

De manera mágica, un tronco cayó y desatascó el atasco. Desde hace unas semanas he empezado a disfrutar de la comunicación recogiendo imágenes para tuitear en Twitter, pensando ideas para escribir artículos… compartiendo todo lo que me parece que puede ser de utilidad.

El ejemplo ratifica dos aspectos interesantes para la reflexión:

– Los coachs no tenemos superpoderes y sólo somos facilitadores como un «tronqueador» más.

– Los profesionales de servicios, sea cual sea su sector, son más poderosos y con un valor diferencial mayor si logran convertirse en «tronqueadores» desde su especialidad y tener la capacidad suficiente de empatía para captar cuál es el motivo del atasco por el que su cliente les ha contratado.

Y sí, efectivamente, los coachs somos muy afortunados (o «suertudos» como dice mi compañera de comunicación), por la posibilidad de enriquecernos facilitando los cambios varados por aquel tronco que estorba.